"...En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco..." Tchaikovski

08 agost 2007

Pròleg al poema simfònic Orfeo (Franz Liszt)

(Escrit per Franz Liszt, 1856)

Tuve que dirigir, en una oportunidad, la obra de Glück “Orfeo”. Durante los ensayos, nos era imposible no abstraer nuestra imaginación del punto de vista, sublime y atrayente en su sencillez, desde el que el gran maestro había divisado su objetivo, para transportar nuestro pensamiento hacia este Orfeo, de nombre tan majestuosa y armónicamente elevado sobre los más poéticos mitos de Grecia. Mi pensamiento revivía la visión de un vaso etrusco de la colección del Louvre que representaba a este primer músico poeta vestido con un traje estrellado, la frente ceñida con la mística diadema real, exhalando de sus labios palabras y cánticos divinos mientras hacía resonar enérgicamente las cuerdas de su lira con sus dedos, largos y afilados. Creíamos percibir en torno a él, con la fuerza de una imagen viva, las figuras de las feroces bestias del bosque que le escuchaban encantadas; los instintos brutales del hombre callaban dominados; las piedras se ablandaban: incluso los más duros corazones se humedecían de emoción; los pájaros bullidores y las murmurantes cascadas suspendían sus melodías; las risas y los placeres se recogían con respeto ante estos acentos que revelaban a la Humanidad el poder bienhechor del arte, su luz gloriosa, su armonía civilizante.


Educada en la más pura de las morales, ilustrada por los dogmas más sublimes, esclarecida por las luces más brillantes de la ciencia, advertida por los filosóficos razonamientos de la inteligencia, rodeada por la más refinada de las civilizaciones, la Humanidad, hoy como ayer y mañana y siempre, conserva en su seno sus instintos de brutalidad, ferocidad y sensualidad, que el arte debe, en su misión, ablandar, dulcificar, ennoblecer. Hoy como entonces y siempre, Orfeo, esto es, el Arte, debe expandir sus ondas melodiosas, sus vibrantes acordes, como una luz dulce e irresistible sobre los elementos contrarios que desgarran y ensangrientan el alma de cada individuo, como en las entrañas de toda sociedad. Orfeo llora a Eurídice, este emblema del Ideal, devorado por la maldad y el dolor consentidos a los monstruos del Erebo, que le hace salir de las quiméricas y tenebrosas nieblas, pero que él, ¡ay!, no sabe conservar sobre la tierra. Ojalá no puedan reaparecer estas épocas de barbarie donde las pasiones enfurecidas, como mesnadas locas y desenfrenadas, vengando el desdén que hace el arte de sus voluptuosidades groseras, le hacen parecer bajo sus tirsos asesinos y sus furias estúpidas.


Si nos fuera dado formular nuestro pensamiento de una manera total, hubiéramos deseado devolver el carácter serenamente civilizador de los cantos que subrayan toda obra de arte; su suave energía, su augusto imperio, su sonoridad notablemente voluptuosa, su ondulación dulce como las brisas del Elíseo, su elevación gradual como vapores de incienso, su Éter diáfano y azulado que envuelve el mundo y el universo entero como una atmósfera, como un transparente vestido de inefable y misteriosa armonía.


(Franz Liszt)

Gemma.

1 comentarios:

Anònim ha dit...

avui he estat repassant el teu blog... ho trobo molt maco tot això. Però permet-me donar-te un consell: escriu alguna cosa teva, algun sentiment que vulguis extrepolar amb paraules... seria encara més bonic:)
tot i que cada vegada veig més que m'encanteria compartir amb tu la passió per aquest art tan preuat, la música.